En 1984 Londres es una ciudad plomiza en la que el autoritarismo del Partido controla hasta los aspectos más triviales de la vida de sus ciudadanos. George Orwell imaginó una arcadia distópica donde la perversión del lenguaje funciona como una herramienta de control mental para enaltecer el fervor de los convencidos y corregir los pensamientos disidentes. Una simplificación de las palabras bautizada como neolenguaje que ha traspasado las páginas de la ficción para germinar en el argumentario político...
|
etiquetas: periodismo , precariedad , desigualdad , medios de comunicacion