Creo que lo he contado por aquí alguna vez. Yo ahora mido 1.96, pero es que con 14 años ya medía prácticamente lo mismo. A pesar de mi tamaño y de que físicamente imponía, como era pacífico hasta decir basta, casi gilipollas intentando evitar la confrontación, los típicos gallitos se aprovechaban de la situación y me tenían como el blanco de todos sus ataques y mofas.
En cierta ocasión, uno empezó a pegarme patadas y puñetazos, sin venir a cuento en absoluto, sino por puro cretinismo y lucimiento delante de sus amigos y de las chicas allí presentes. Pero aquel día, en lugar de rehuir la pelea e intentar escaquearme, algo pasó que hizo que se me hincharan los cojones cosa mala.
Pillé al hijodeputa este, delante de todos sus amigos, y me lié a arrearle hostias en toda la puta cara hasta que los nudillos se me entumecieron. Le pillé de la cabeza y la restregué por el suelo y le abrí en la ceja una brecha bestial contra un bordillo. El notas era como un muñeco de trapo en mis manos. Sus colegas se abalanzaron todos contra mí, y los voleaba como si fuesen de papel.
Hasta que me sentí satisfecho y dejé de darle. Y entonces, él y sus colegas emprendieron la huída como cobardes que eran.
Jamás he vuelto a necesitar hacer uso de la fuerza, y desde aquel momento, aquel hijo de la gran puta y sus amigos, cuando me veían asomar por una calle, cogían y se cambiaban de acera.
Creo que lo he contado por aquí alguna vez. Yo ahora mido 1.96, pero es que con 14 años ya medía prácticamente lo mismo. A pesar de mi tamaño y de que físicamente imponía, como era pacífico hasta decir basta, casi gilipollas intentando evitar la confrontación, los típicos gallitos se aprovechaban de la situación y me tenían como el blanco de todos sus ataques y mofas.
En cierta ocasión, uno empezó a pegarme patadas y puñetazos, sin venir a cuento en absoluto, sino por puro cretinismo y lucimiento delante de sus amigos y de las chicas allí presentes. Pero aquel día, en lugar de rehuir la pelea e intentar escaquearme, algo pasó que hizo que se me hincharan los cojones cosa mala.
Pillé al hijodeputa este, delante de todos sus amigos, y me lié a arrearle hostias en toda la puta cara hasta que los nudillos se me entumecieron. Le pillé de la cabeza y la restregué por el suelo y le abrí en la ceja una brecha bestial contra un bordillo. El notas era como un muñeco de trapo en mis manos. Sus colegas se abalanzaron todos contra mí, y los voleaba como si fuesen de papel.
Hasta que me sentí satisfecho y dejé de darle. Y entonces, él y sus colegas emprendieron la huída como cobardes que eran.
Jamás he vuelto a necesitar hacer uso de la fuerza, y desde aquel momento, aquel hijo de la gran puta y sus amigos, cuando me veían asomar por una calle, cogían y se cambiaban de acera.
Aquel día aprendí una gran lección.