La decisión de Francisco, de desatender una regla de la Iglesia y lavar los pies a dos jovencitas, una musulmana serbia y una católica italiana, durante el ritual del Jueves Santo, ha sido para esos tradicionalistas la gota que derramó el vaso: una evidencia de que el nuevo papa tiene poco o nulo interés en revivir tradiciones anteriores al Concilio Vaticano II. Durante el vía crucis elogió la `amistad con nuestras hermanas y hermanos musulmanes', en una ceremonia en la que recordó también las penurias de los cristianos en Medio Oriente.
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