Desde que se popularizaron las redes inalámbricas Wi-Fi, los problemas de seguridad han sido muy variados y han ido evolucionando. Debido a que el alcance de estas redes es de unos pocos cientos de metros, las señales se "cuelan" por las paredes de los hogares llegando hasta los vecinos. Si, como sucedía al principio de su despliegue, la gente olvida ponerle una contraseña a su señal, poco tardará algún vecino en ver que puede enchufarse y "chupar conexión" sin tener que pagar nada.
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